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Políticas energéticas de América Latina debilitan respuesta al cambio climático

19/01/2015

Políticas energéticas de América Latina debilitan respuesta al cambio climático

Un nuevo informe del CDL en colaboración con CAN-LA explora la relación entre las políticas energéticas y los esfuerzos para reducir emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) en cinco países

Fuente: Laboratorio de Clima y Desarrollo (CDL)

El análisis examina cómo Brasil, la República Dominicana, México, Nicaragua y Perú pueden diseñar contribuciones nacionales para aumentar su ambición doméstica y contribuir a soluciones internacionales contra el calentamiento global. El informe enfatiza la desconexión entre políticas energéticas y políticas del cambio climático, además del hiato entre la retórica internacional y la implementación doméstica.

Alison Kirsch, la autora del informe, dice, “A pesar de que algunos países latinoamericanos juegan roles importantes en avanzar el progreso de la O.N.U., hay un desafío verdadero en sus propios gobiernos nacionales para cumplir sus promesas.”

Mucha de la política ambiental de Latinoamérica se ha centrado en el cambio de uso de la tierra, incluyendo la deforestación, lo que ha sido una fuente de emisiones en la región. En los últimos años, avanzaron medidas para reducir la deforestación — especialmente en Brasil.

Como señala el informe, sin embargo, el sector energético está jugando un rol cada vez más importante en las emisiones de GEI de la región. Desde 1990, las emisiones del cambio de uso de la tierra han disminuido en un 44%, mientras que las emisiones del sector energético incrementaron en un 77%. Pero la elaboración de las políticas nacionales para refrenar las emisiones expandiendo el sector energético recibe menos atención que las políticas para reducir la deforestación.

Dada la tendencia a enfatizar el enlace entre el cambio climático y las emisiones asociadas con el cambio de uso de la tierra como deforestación, el desarrollo de proyectos de combustibles fósiles en la región no ha sido vinculado a debates climáticos, sino a debates más tradicionales del desarrollo.

Se presenta la explotación de reservas de combustibles fósiles en países latinoamericanos como un motor clave para el desarrollo económico, lo que está en conflicto con lo que han declarado en temas de compromisos voluntarios para reducir emisiones. En los sectores energéticos de Brasil y México, el discurso sobre el cambio climático no ha podido superar el atractivo de los combustibles fósiles. Esto es cada vez más evidente con la exploración del petróleo pre-sal en Brasil y las reformas energéticas en México.

La República Dominicana y Nicaragua cuentan con compromisos ambiciosos en materia de energía renovable y reducción de emisiones de GEI, pero también son los más dependientes de importaciones de energía de los países analizados. Hay incentivos para el desarrollo de energía renovable, incluyendo exenciones de impuestos y sistemas de medición neta. Sin embargo, las matrices energéticas sólo serán más limpias si el ritmo del desarrollo de estas tecnologías excede la demanda creciente de energía.

Perú ha producido una gran cantidad de investigación y desarrollado planes hipotéticos en respuesta al cambio climático. Pero sin objetivo legislado de reducción de emisiones de GEI en toda la economía, ni objetivos actualizados de energía renovable, Perú es el regazado del grupo.

Todos los países, incluyendo los latinoamericanos, tienen que entregar sus contribuciones previstas y determinadas a nivel nacional para mitigar el cambio climático global (INDC, por sus siglas en inglés) en 2015 como parte de las negociaciones climáticas de la O.N.U. Estas contribuciones nacionales serán elementos claves en un acuerdo nuevo que se negociarán en Paris este diciembre.

El informe ofrece algunas recomendaciones para el contenido de las INDCs en términos de la energía para los países incluido en este estudio. Incluyen, por ejemplo, objetivos de reducción de emisiones de GEI en todos los sectores de la economía de Perú, un mercado nacional del carbono en Brasil, un impuesto al carbono más fuerte en México, mayor ambición en reducir emisiones en la República Dominicana dependiente de apoyo internacional, y medidas de eficiencia energética en Nicaragua.

Kirsch indica que los sectores energéticos de estos países latinoamericanos presentan oportunidades prometedoras para que los gobiernos nacionales presenten INDCs ambiciosas para facilitar la transición a economías bajas en emisiones, mientras que contribuyen positivamente a las negociaciones climáticas de la O.N.U. y un acuerdo equitativo en Paris.

Dice, “El potencial de la energía renovable en América Latina sigue siendo en una gran parte sin explotar, lo que da cabida a la formulación creativa de políticas energéticas para contribuir a la lucha contra el cambio climático.”

 

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